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Food Bank for New York City: un salvavidas frente al aumento del costo de los alimentos

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Comer ya no es solo una necesidad básica, sino una decisión financiera.

Todos los martes, Vasil, un inmigrante del centro de Asia, deja a un lado sus ocupaciones y arrastra un carrito por las calles de Harlem. 

El joven de 35 años de edad es ingeniero y tiene un empleo formal, sin embargo enfrenta dificultades para proveer alimentos para su hijo de 5 años de edad y una pequeña de apenas 3 años. Por eso, en su día libre acude al  252 West  de la 116th Street para abastecerse de frutas, legumbres y pollo, que le duran al menos hasta la siguiente semana. Su historia no es excepcional, pues es cada vez más común en una ciudad donde tener empleo ya no garantiza poder comer con tranquilidad.

El  aumento del precio de los alimentos está empujando a miles de familias neoyorquinas a una crisis silenciosa. 

Comer ya no es solo una necesidad básica, sino una decisión financiera. Una encuesta encargada por No Kid Hungry New York revela que el 67% de los residentes del estado ha tenido que elegir entre comprar comida o pagar gastos esenciales como alquiler, transporte o servicios.

La situación es aún más grave entre familias latinas con hijos, donde el 84% reportó haber tomado estas decisiones difíciles, mientras que el 86% de los neoyorquinos latinos afirma que el alza de alimentos ha afectado directamente su economía.

En este contexto, organizaciones como Food Bank for New York City se han convertido en un pilar fundamental para la estabilidad económica de los hogares más vulnerables. 

Fundada en 1983, la organización opera hoy una red de más de 800 despensas, comedores comunitarios y socios en los cinco condados, con presencia en casi todos los códigos postales de la ciudad. 

De acuerdo con números compartidos con El Diario, la organización ha distribuido en los últimos meses más de 103 millones de libras de alimentos, equivalentes a 86 millones de comidas, y desde su creación ha servido 1.6 mil millones de comidas a neoyorquinos en situación de necesidad.

Samantha Burgos, directora asociada de The Food Bank for NYC, explica que el perfil de quienes buscan ayuda ha cambiado. 

“Mucha gente piensa que quienes acuden a los bancos de alimentos no pueden ayudarse a sí mismos, pero eso no es cierto. Muchos de nuestros vecinos trabajan múltiples empleos y aun así no les alcanza por el aumento del alquiler y los alimentos”, afirma.

“Somos muy intencionales en servir a nuestras comunidades con dignidad y respeto. No es la típica despensa; queremos cambiar la narrativa de lo que significa buscar ayuda”.

La presión económica que describe coincide con otros indicadores. Un informe sobre el Costo Real de Vida en la ciudad encargado por el alcalde Zohan Mamdani señala que el 62% de los neoyorquinos no gana lo suficiente para cubrir gastos básicos, con una brecha promedio anual de $39,600 entre ingresos y necesidades. 

Cartel con los horarios de atención.
Crédito: Francisco Javier Chávez | Cortesía

Entre los hispanos, la cifra es aún más dramática: el 78% no alcanza ese umbral, mientras que en el Bronx alrededor del 75% de los residentes enfrenta esta situación.
La inseguridad alimentaria no es un fenómeno aislado, sino una consecuencia directa de la crisis de asequibilidad que atraviesa la ciudad.

Datos del Índice de Precios al Consumidor muestran que los alimentos consumidos en casa aumentaron 24% entre enero de 2020 y enero de 2023, con un pico anual de 9.9% solo en 2022, el mayor incremento en más de cuatro décadas. Posteriormente, los precios siguieron subiendo 5.8% en 2023 y 2.3% en 2024, acumulando un alza cercana al 23.6% entre 2020 y 2024, por encima incluso de la inflación general.

Para familias con ingresos limitados, estos incrementos se traducen en recortes inmediatos en la cantidad y calidad de los alimentos disponibles, particularmente en productos básicos como carne, huevos, frutas y lácteos, que registraron algunas de las mayores variaciones durante el periodo inflacionario posterior a la pandemia. El resultado es una presión directa sobre los presupuestos familiares y una mayor dependencia de redes comunitarias de apoyo.

Ante este escenario, Food Bank for NYC no solo distribuye alimentos. La organización también conecta a miles de familias con beneficios SNAP, talleres de educación financiera y programas de nutrición. De hecho, con cada dólar donado, la institución afirma que puede proveer hasta tres comidas, multiplicando el impacto económico de la asistencia.

El aumento de la demanda es evidente. En una sola distribución comunitaria, el programa atiende entre 500 y 550 hogares, lo que representa alrededor de 1,500 personas beneficiadas en un solo día. Muchos son adultos mayores con ingresos fijos, trabajadores con salarios insuficientes o familias que buscan “un puente” entre cheques de pago.

“Todos necesitan un poco de ayuda para cerrar la brecha”, explica Burgos. “Vemos madres que trabajan varios empleos y aun así no comen para que sus hijos puedan hacerlo, adultos mayores con ingresos limitados y personas que solo necesitan apoyo para llegar a fin de mes”.

En una ciudad donde el 84% de los residentes considera que los precios de los alimentos suben más rápido que los salarios, el papel de Food Bank for New York City trasciende la asistencia alimentaria. La organización funciona como un amortiguador económico para miles de hogares, reduciendo la necesidad de endeudarse, evitar desalojos y estabilizar presupuestos familiares.

En medio de una crisis de asequibilidad cada vez más profunda, estos programas no solo llenan refrigeradores: ayudan a sostener la economía cotidiana de los neoyorquinos que, de otra manera, tendrían que elegir entre comer o sobrevivir.

Fuente informativa…
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