El músico de salsa y jazz nacido en NY con residencia en la isla reflexiona sobre sus más de 50 años de carrera y su identidad puertorriqueña
NUEVA YORK – El músico Charlie Sepúlveda recuerda que, entre las parrandas navideñas y la celebración de los Reyes Magos en Puerto Rico, disfrutaba escuchar y ver la interpretación de artistas estadounidenses de jazz como Louis Armstrong.
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Desde niño y con el incentivo de su madre, “una aficionada de la buena música”, Sepúlveda empezó a respetar y a apreciar el trabajo de trompetistas como el de Nueva Orleans.
“En mi casa siempre se escuchaba buena música. Mi mamá siempre escuchaba buena música. Compraba discos…Como yo me crié en Nueva York hasta los 8 años siempre tenía presente la figura de la trompeta y de Louis Armstrong. Yo lo veía en televisión y a mí me agradaba verlo. El estaba bien contento tocando su trompeta con sus pañuelos y su sonrisa. Ahí fue que empecé a cogerle el gusto a la trompeta”, rememoró.
En Caguas, donde residió con su familia cuando se mudó por primera vez a la isla, Sepúlveda sazonó sus vínculos musicales con los temas de figuras como Felito Félix (cantautor y compositor) y Eddie Palmieri (pianista y pionero de la salsa y el jazz), quien era su primo por la vía materna.
“Con el jazz latino empecé con discos que se escuchaban en casa como de Felito Félix, Eddie Palmieri. Ellos venían tocando salsa, pero con influencia de jazz. Ahí empezó todo. Después estudié música en la Escuela Libre de Música (de Caguas)”, contó en entrevista exclusiva con El Diario.
Eventualmente, Sepúlveda se convirtió en el director musical de Palmieri.
En la historia del trompetista, muchas anécdotas suenan a casualidad o lo que algunos llaman destino. Ejemplo de lo anterior, fue su ingreso al centro de estudios ubicado en el referido municipio cuando tenía 12 años.
“Yo llegué a la Escuela Libre de Música de casualidad, porque fui acompañando a unos muchachos que vivían cerca de casa. Yo me la pasaba corriendo bicicleta. Ellos se fueron a matricular y, cuando estábamos saliendo, el principal de la escuela me tomó por el brazo y me preguntó si quería tocar un instrumento y yo dije que la trompeta. Pero yo no fui para eso; yo estaba corriendo bicicleta”, recordó.
“Los dos amigos míos se salieron y yo me quedé tocando trompeta y no la suelto ni en las cuestas”, prosiguió.
Sepúlveda, quien nació en El Bronx, empezó a tocar con la banda oficial de su escuela a los 13 años. Dos años después, estaba interpretando profesionalmente con artistas de la talla de Roberto Rohena y su Apollo Sound, Chamaco Rivera, Willie Rosario y la Sonora Ponceña.
Hoy, luego de más de 50 años creando música con otros grandes, Sepúlveda concluyó con firmeza que su crecimiento no fue casualidad, sino una mezcla de talento innato, la guía de buenos mentores y disciplina.
“El don estaba ahí, pero había que desarrollarlo. Eso fue un regalo que me dio Dios, pero a través de los maestros, tuve muy buenos educadores, se me hizo fácil. Lo que te quiero decir es que, como yo tenía el talento que Dios había sembrado, se me hizo bastante fácil asimilar las lecciones. Me gustaba tanto que yo quería estar practicando todo el tiempo; practicaba mucho y era por el gusto que me daba”, reflexionó.
Por sus “Logros de vida” (Lifetime Achievement), la Junta de Directores del Desfile Nacional Puertorriqueño (NPRDP) en NY lo homenajeará en la edición de este año que se celebrará mañana domingo, 14 de junio.
Sepúlveda destacó a Palmieri como una de las figuras más influyentes en su carrera.
“A los 17 me llevan a la casa de Eddie Palmieri y yo lo conozco… a tocar con Eddie como a los 18 años. Como ya yo había hecho tanto en el género de la salsa en Puerto Rico, tenía inquietud y empecé a escuchar mucho jazz. Pero me tenía que ir para aprender porque en Puerto Rico no se enseñaba jazz. Era bien raro tú conseguir un disco de jazz acá y profesores muchos menos”, narró.
Fue así como regresó a la Gran Manzana para estudiar en City College en Manhattan, después de haber participado en una gira con el cantautor boricua Andy Montañez.
Sepúlveda recordó que su primera presentación en NY fue con Ray Barreto, apodado “El Rey de las Congas”, en Blue Note Jazz Club.
En el escenario con John Birks “Dizzy” Gillespie
Compartir escenario con John Birks “Dizzy” Gillespie, considerado uno de los más destacados trompetistas de jazz y fundador del llamado “bebop”, también lo llena de orgullo.
“En una de las giras en la que estaba por Finlandia con Eddie Palmieri da la casualidad que nos encontramos con la orquesta de ‘Dizzy’ Gillespie (trompetista originario de Nueva Jersey) en el aeropuerto, y Arturo Sandoval, el trompetista cubano, había desertado, para que le dieran asilo en España, y al quedarse sin trompeta, me localizaron para ver si yo quería sustituir a Arturo Sandoval en la orquesta de ‘Dizzy’ Gillespie”, compartió.

Sepúlveda, quien inició sus pasos en orquestas de salsa, reconoció las similitudes entre ese género y el jazz latino.
“Tienen muchas cosas similares, rítmicos. El jazz tiene mucho ritmo; viene de lo afroamericano y la salsa viene de los afrocubano. Así que rítmicamente los fraseos se comparan mucho. En el jazz uno improvisa más, pero en los tiempos de antes, cuando uno tocaba con un grupo como el de Tito Puente, siempre había espacio para tú improvisar. Fue más adelante que cambió la salsa y se puso más romántica”, comparó.
En términos de sus creaciones, dijo que, apuesta mucho a sus raíces, integrando sonidos afrocaribeños como la bomba, por ejemplo.
“Pero yo creo que lo que más describe mi estilo es el ‘Latin hard jazz’ (hard bop)”, consideró.
Su identidad puertorriqueña compartida entre NY y la isla también ha marcado su estilo.
“Yo soy nuyorican”
“Yo soy nuyorican. Yo siempre digo que soy de NY y me crié en Puerto Rico, y tengo influencia de las dos culturas. Cuando yo estoy en Puerto Rico, yo me siento en casa; pero, cuando voy a NY me siento en casa también. Eso ha influenciado la manera en la que yo soy, la manera en la que hago música. Por eso me hace tan feliz que me hayan escogido para la parada, porque yo nací en NY de padres ponceños”
Sepúlveda afirmó que esa doble pertenencia ha enriquecido su repertorio y su vida.
“Yo me siento igual en los dos lados; estoy dividido en dos, pero siempre puertorriqueño”, expresó.
Con la creación en el 1988 de su banda “Charlie Sepúlveda & the Turnaround” su posición dentro de la industria se fue consolidando más. Bajo esa marca, ha producido y creado varios álbumes que mezclan el jazz latino tradicional, el “hard bop” y ritmos afrocaribeños.
“Eso surge en los 80 ya estando en NY. Yo era amigo de un timbalero que se llama Ralph Irizarry, que tocaba con Rubén Blades, que fue el que me recomendó para la banda de Ray Barreto; él trabajaba con una compañía de discos…y me dijo que estaban buscando a un latino para una compañía de discos, pero que toque latin jazz. Para ese tiempo estaba en todo su apogeo Wynton Marsalis (actual director de jazz en Lincoln Center) con su quinteto; eran todos jóvenes, pero era jazz más norteamericano. La compañía estaba buscando hacer lo mismo, pero con sonidos latinos y ahí hice el grupo con músicos amigos que se mudaron al mismo tiempo que yo a NY”, abundó sobre la iniciativa.
A partir de ahí, Sepúlveda fue nominado en cinco ocasiones al Latin Grammy y fue galardonado, en el 2017, por la Academia Latina de la Grabación por “To Benny With Love”. El álbum rinde homenaje al músico cubano Benny Moré. Fue lanzado un año antes junto al cantante de pop latino Jon Secada.
“Yo no me esperaba eso tampoco. Me cogió de sorpresa. Se hizo el disco en Puerto Rico y yo fui director musical y escogí la orquesta y ensayamos…Se lanzó el disco y ese año yo había lanzado un disco que se llamaba ‘Mr. EP (A Tribute to Eddie Palmieri)’ con mi grupo de jazz latino y llegó María…Fue algo chévere en medio de todo lo que estaba pasando aquí con el huracán, que no teníamos luz. Estaba contento, pero triste a la vez por lo que estaba pasando en Puerto Rico”, describió.
“Al principio era bien difícil tocar jazz en Puerto Rico”
Sobre el alcance y desarrollo del jazz en Puerto Rico, catalogó como un proceso de educación el que exponentes como él han realizado en la isla.
“Al principio era bien difícil tocar jazz en Puerto Rico porque no tenía mucha exposición y tampoco tenían la educación. La gente decía que iban a escuchar jazz en Puerto Rico y se pasaban hablando durísimo y no escuchaban la música; se quedaban bochincheando. O era para decir que estabas escuchando jazz y hacerte el más fino, pero en realidad no estaban escuchando jazz. Yo tuve muchos problemas, porque, al principio, cuando me contrataban, yo tenía que decir, ‘estamos tocando aquí; por favor, bajen la voz’…Algunos se enchismaban (se molestaban), pero hay que enseñarles que cuando uno está tocando y uno termina un solo, la gente aplaude. Pero eso no se hacía aquí, porque aquí se tocaba jazz para que la gente socializara y hablara…Eso, a uno como artistas, le duele, especialmente cuando estás tocando y quieres que te escuchen…”, explicó Sepúlveda quien se presenta en el Café Teatro Moneró en Caguas y en el Hotel Conquistador en Fajardo, entre otros.
Para hacer el género más accesible, el trompetista lleva unos siete años tocando una vez al mes en Playa Azul, en Luquillo, donde reside. Como parte de las jornadas, incluye a algunos de sus estudiantes del Conservatorio de Música en San Juan.
“Yo estuve por 12 años dando clases de música en el Conservatorio, que por fin se abrió un departamento de música jazz y están saliendo estudiantes excelentes…Estamos dejando la música en buenas manos”, resaltó sobre la evolución del ritmo.
“A mí me encanta poder dar un poquito de lo que hago y contar mi experiencia, especialmente contar la experiencia mía como músico, porque eso no se enseña en las escuelas; tu experiencia en la tarima. En la escuela, uno aprende el significado del jazz, pero la experiencia de bregar y ser un animador, formar tú música y tus propias composiciones y desarrollar eso en nuevos estudiantes, para mí es súper”, añadió.
Con la intención de continuar alcanzando a nuevas generaciones, Sepúlveda ha producido álbumes como Urbajazz (2024) que fusionan el jazz con géneros urbanos como el rap y el reguetón.
“Yo empecé esto en el 1996 antes que el reguetón sonara bien duro. Yo llamé a Vico C una vez para hacer un tema de Herbie Hancock que se llama ‘Watermelon Man’, porque me gusta el rap y vi que funcionaba que se podía mezclar con el jazz latino, y lo hice con un grupo de rap de NY…Pero siempre me quedé con la inquietud de hacer un álbum completo con esa fusión. Al ver lo popular que se estaba haciendo la gente que rapeaba, pensé en cómo hacer un invento para tratar de que un joven que solamente esté escuchando música urbana, le interese escuchar jazz a través de artistas de ellos que estén pegao’s. Me di a la tarea de llamar a PJ Sin Suela, Rafa Pabón, ‘Hijo de Borikén’, que tienen muchos seguidores acá en Puerto Rico y les gustó la idea, porque todos me respetan, porque soy más viejo que ellos y por mi trayectoria”, detalló.
A los potenciales artistas los exhortó a practicar y enfocarse, ya que no hay camino corto en la industria.
“No dejen su norte. Primero que practiquen. Se tienen que preparar y estar listos para cuando entre la llamada buena, ‘mira, te necesitamos para esto’; estar listo y preparado para cuando te llamen, tocar y hacer lo que tienes que hacer. No hay atajo. Tienes que practicar y estudiar”, emplazó.

También recomendó a los más jóvenes reconocer y guiarse por el legado de los “maestros”.
“Es importante conservar el legado, porque, primeramente, ellos fueron nuestros maestros. Uno hace las cosas porque las aprendió. Cuando yo dirijo mi grupo, yo siempre pienso en cómo Palmieri lo haría y como Puente dirigía su grupo. Cuando yo me paro en la tarima a hablarle al público, siempre pienso que soy Tito Puente, porque además de ser un excelente músico, entretenía al público y era un ‘showman’. Siempre tenía buenos chistes, buenos cuentos. Cuando la gente te vaya a ver, además de ver a un buen músico, puede ver que te puedes encargar del público, que son otros 20 pesos. Antes a mí no me gustaba hablar. Le tenía miedo al micrófono. Ahora tienen que meter una patá para que me calle”, bromeó.
Lo próximo en la agenda de Sepúlveda es promover su nueva producción “Come Together”.
“Rubén Blades le va a poner letra a mi versión y va a coger mi canción para su disco, pero él cantando Come Together en español”, adelantó.
También se presentará por primera vez con la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico en el Centro de Bellas Artes el próximo 27 de febrero.
Al momento, la primera trompeta de Sepúlveda está en exhibición en el Museo de Historia Americana del Smithsonian en Washington D.C. como parte de la exhibición “A Puro Ritmo” junto a otros objetos de leyendas como Puente, Celia Cruz y Johnny Pacheco.
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