El auge de las e-bikes dispara lesiones graves en EE.UU. y reabre el debate sobre límites de velocidad y normas de seguridad
El impacto de una bicicleta eléctrica a alta velocidad cambió la vida de Janet Stotko y encendió una alarma en Estados Unidos sobre los riesgos asociados a estos vehículos. Su caso, ocurrido en Minnesota en 2024, no solo evidencia la gravedad de los accidentes, sino que también impulsa un debate urgente sobre la necesidad de regulaciones más estrictas en medio del crecimiento acelerado de las e-bikes.
Stotko caminaba por su vecindario cuando fue embestida por una bicicleta eléctrica que circulaba a unos 40 km/h. El choque le provocó lesiones cerebrales graves, una fractura facial y la ruptura del tímpano. Permaneció 2 días conectada a ventilación mecánica, pasó 3 semanas hospitalizada y tuvo que someterse a una cirugía cerebral. Contra todo pronóstico médico, sobrevivió, un desenlace que sus propios doctores calificaron como inesperado, según relató a ABC News.
La experiencia transformó a Stotko en una voz activa a favor de regulaciones más estrictas para estos vehículos. Su objetivo es claro: evitar que otros peatones o usuarios sufran consecuencias similares en un contexto donde las bicicletas eléctricas se consolidan como una alternativa de movilidad sostenible, pero no exenta de riesgos.
El crecimiento de las e-bikes y el aumento de lesiones
El auge de las bicicletas eléctricas en Estados Unidos ha sido vertiginoso en los últimos años. Sin embargo, este crecimiento viene acompañado de un incremento sostenido en el número de accidentes.
Datos citados por ABC News indican que la Universidad de California en San Francisco detectó que las lesiones relacionadas con e-bikes casi se duplicaron anualmente entre 2017 y 2022. A su vez, estudios impulsados por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) confirman esta tendencia en distintas ciudades del país.
El fenómeno resulta aún más preocupante entre menores de edad. En San Diego, la Universidad de California reportó que las lesiones en usuarios menores de 18 años aumentaron un 300 % entre 2019 y 2023, lo que refleja un uso creciente sin la experiencia o las precauciones necesarias.
Uno de los principales problemas que enfrentan las autoridades es la falta de uniformidad en la regulación. A nivel federal, la mayoría de las bicicletas eléctricas se clasifican como vehículos no motorizados, similares a las bicicletas tradicionales. Esto implica que, en muchos casos, los usuarios no necesitan licencia de conducir, seguro ni casco.
Sin embargo, los estados han comenzado a implementar normativas propias ante el aumento de incidentes. En Nueva York, por ejemplo, se estableció un límite de velocidad de 24 km/h para bicicletas eléctricas. En Florida, la legislación restringe la velocidad a 16 km/h cuando se circula a menos de 15 metros de peatones.
Connecticut ha ido más allá, exigiendo el uso de casco para todos los usuarios y licencia de conducir para ciertos modelos, especialmente aquellos sin pedales o con baterías de mayor potencia.
Estas diferencias reflejan un intento por adaptarse a una tecnología en rápida evolución, pero también generan confusión entre usuarios y dificultades para la aplicación de la ley.
La velocidad, un factor determinante
El riesgo asociado a las bicicletas eléctricas está directamente relacionado con la velocidad que pueden alcanzar. John Maa, cirujano general en MarinHealth Medical Center, explicó que la gravedad de los impactos responde a principios básicos de la física.
La energía cinética, que determina la fuerza del impacto, aumenta de manera exponencial con la velocidad. En otras palabras, un pequeño incremento en la velocidad puede traducirse en daños significativamente mayores en caso de accidente.
En el mercado estadounidense, las e-bikes suelen clasificarse en 3 categorías. Las de Clase 1 y Clase 2 están limitadas a 32 km/h, mientras que las de Clase 3 pueden alcanzar hasta 45 km/h. Existen además modelos más potentes, conocidos como e-motos, que pueden llegar a 64 km/h incluso sin pedaleo.
La proliferación de estos vehículos híbridos, que se sitúan entre una bicicleta y una motocicleta, complica la regulación. En algunos estados, estos modelos están sujetos a normas de motocicletas, mientras que en otros operan en un vacío legal.
Frente a este panorama, especialistas en salud pública y organizaciones médicas han intensificado sus llamados a reforzar tanto las regulaciones como la educación de los usuarios.
Entre las principales recomendaciones se encuentra el uso de casco, preferiblemente de tipo motocicleta, luces delanteras y traseras, así como chalecos reflectantes para mejorar la visibilidad. También se insiste en evitar modificaciones que aumenten la velocidad del vehículo y en no conducir bajo los efectos del alcohol o drogas.
Charles DiMaggio, investigador en salud pública y profesor de la Universidad de Nueva York, subrayó la importancia de que los usuarios comprendan el funcionamiento de sus vehículos. Recomienda leer el manual, consultar tutoriales y acudir a tiendas especializadas donde puedan recibir asesoramiento sobre el uso y la legalidad de las e-bikes.
Respuestas locales ante incidentes graves
El caso de Hastings, en Minnesota, ejemplifica cómo los gobiernos locales están reaccionando ante accidentes de alto impacto. Tras el incidente que involucró a Stotko, el consejo municipal aprobó nuevas medidas, como la reducción del límite de velocidad en senderos urbanos a 24 km/h, la prohibición del uso de e-bikes en veredas y el endurecimiento de sanciones.
El conductor involucrado, un joven de 14 años, fue sancionado por operar un vehículo eléctrico sin la edad permitida, aunque no enfrentó cargos penales por las lesiones causadas.
Durante su comparecencia ante el consejo municipal, Stotko hizo un llamado a la responsabilidad individual: operar una bicicleta eléctrica, señaló, implica asumir plenamente las consecuencias de su uso.
El crecimiento de las bicicletas eléctricas plantea un desafío complejo para ciudades, autoridades y usuarios. Por un lado, representan una alternativa ecológica y eficiente para el transporte urbano; por otro, su rápida adopción ha superado la capacidad regulatoria en muchos lugares.
El aumento de accidentes, la diversidad de modelos y las diferencias en las normativas estatales refuerzan la necesidad de establecer reglas claras y coherentes a nivel nacional ante una nueva realidad de movilidad eléctrica.
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Fuente informativa…
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