En entrevista, el alcalde perfila un segundo mandato marcado por la recuperación de las escuelas, una reforma financiera y la presión por vivienda asequible
HOLYOKE, Mass. – Joshua A. García me lleva al muro de su oficina y señala dos placas de madera colgadas una al lado de la otra. Una lleva los colores de la bandera irlandesa, la otra los de la puertorriqueña. García tiene 40 años; lleva la camisa con las mangas arremangadas, el cuerpo inclinado hacia adelante. Detrás de él, el escritorio está cubierto con los papeles del presupuesto municipal que va a presentar al concejo en los próximos días. Articular la conexión histórica entre las dos comunidades migrantes que más han marcado a Holyoke, me cuenta, le ayudó a ganarse la confianza de los irlandeses cuando se postuló a la alcaldía por primera vez. Holyoke se conocía en sus primeros días como Ireland Parish y aloja cada marzo, desde 1952, uno de los desfiles de San Patricio más grandes de Estados Unidos: cientos de miles de espectadores cada año, varias veces su población. Durante el primer mandato de García empezaron a celebrarse las Fiestas Patronales de Holyoke, organizadas por la comunidad puertorriqueña local con apoyo de la alcaldía; en agosto de 2025, en su cuarto año, el festival reunió a más de cuarenta mil personas a lo largo de cuatro días.
García es el primer alcalde puertorriqueño en la historia de la ciudad. Holyoke, a unos 145 kilómetros al oeste de Boston, en el valle del río Connecticut, y se desarrolló a mediados del siglo XIX como una de las primeras ciudades industriales planificadas de Estados Unidos. Llegó a producir más papel que ningún otro lugar del mundo a principios del siglo XX (de ahí el mote de ‘Paper City’ que todavía ostenta), y según registros históricos locales, llegó a tener una de las mayores concentraciones de millonarios per cápita del país. En 1890 ocupó el tercer lugar nacional en proporción de población nacida en el extranjero. Hoy tiene 38,000 habitantes, y el 47.7% se identifica como puertorriqueña según el último censo decenal. Es la mayor concentración per cápita de puertorriqueños fuera de la isla. García fue elegido en noviembre de 2021. En noviembre de 2025 fue reelecto sin oposición, el primer alcalde de Holyoke en ir a un segundo mandato sin contrincante desde 2007. Tres meses después, sus colegas estatales lo nombraron presidente de la Massachusetts Mayors’ Association, la asociación que agrupa a los 47 municipios del estado que se gobiernan con alcalde.
Esa concentración boricua se formó por oleadas sucesivas de trabajo agrícola, redes familiares, crisis económica y desplazamiento climático. Los primeros puertorriqueños se asentaron en Holyoke en los años cincuenta, reclutados como trabajadores agrícolas en el valle del Connecticut; la ola más densa llegó en los setenta. En 1980 eran apenas el 13% de la ciudad. La diáspora climática reciente engrosó la presencia: tras el paso del huracán María por Puerto Rico en septiembre de 2017, Holyoke fue una de las ciudades que se prepararon para recibir a familias desplazadas, dentro de una migración continental estimada en 160,000 puertorriqueños durante el primer año posterior al desastre.
Llegué a su oficina la mañana del viernes 1 de mayo de 2026, unas horas antes de una marcha del sindicato magisterial contra la administración. Mientras García terminaba una reunión previa, su staff me recibió en la antesala. Nilka Ortiz atiende la recepción y se asegura de que García nos pueda recibir. Mientras eso sucede, Stephen Fay, periodista retirado que ahora trabaja en la oficina del alcalde, hizo de guía improvisado del edificio mientras esperábamos. Por los pasillos fue tejiendo la historia local: desde su pasado industrial hasta los incendios de los ochenta que destruyeron edificios residenciales del centro que nunca fueron reemplazados, la condición de Holyoke como cuna del voleibol (William G. Morgan inventó el deporte en la ciudad en 1895) y la relación de hermandad reciente con Salinas, Puerto Rico. Me contó también por qué decidió salir del retiro para trabajar con García. Cuando vio aparecer al candidato en 2021 e investigó su trayectoria (ocho años en planeación regional y administración municipal pequeña, un máster en Administración Pública por Westfield State University), le convenció el perfil, se sumó como voluntario y desde entonces no ha dejado de colaborar con él.
“Soy un holyoker que es un puertorriqueño orgulloso”
En Holyoke, quienes han trabajado con García lo describen como intenso o impetuoso, alguien que ante cada pregunta despliega un árbol genealógico de causas. La conversación lo confirma. Cuando le pregunto qué significa que él, hijo de la diáspora puertorriqueña de los años cincuenta, ocupe la oficina principal de una ciudad cuya mayoría poblacional es puertorriqueña, la respuesta entra por otro lado.
“Nunca habíamos tenido un alcalde latino”, dice. “Y cuando lo tuvimos, fui yo, que nací y crecí aquí. Soy un holyoker que es un puertorriqueño orgulloso”. Más tarde, sin venir directamente al caso, suma una frase: “Soy un producto del entorno”. La precisión de la fórmula importa políticamente. García nació y se crió en Holyoke; la identidad puertorriqueña le viene por raíces familiares, y desde esa doble pertenencia es que entiende la ciudad. Las dos placas en el muro de su oficina, la irlandesa al lado de la puertorriqueña, son la versión visible de ese método.

“Cuando tienes a personas que se parecen a ti, eso genera un sentido de orgullo y de esperanza”, sigue. “Había una parte enorme de nuestra población que sentía con fuerza que nunca íbamos a ver a un alcalde puertorriqueño, a un alcalde latino, punto. Tenemos muchas organizaciones latinas de bandera que llevan años abogando por la población puertorriqueña, y muchas de ellas pensaban que no iba a pasar”. Anthony Soto, que fue receptor designado por el estado durante el último tramo del receivership escolar y hoy es superintendente interino del distrito, también es el primer puertorriqueño en ocupar ese cargo. Por primera vez en la historia de Holyoke, las dos cabezas del aparato público local, ayuntamiento y escuelas, están en manos puertorriqueñas.
La salida del receivership
Cuando le pregunto por el hito más visible de su primer mandato, la salida del receivership escolar, García arranca por la economía industrial del valle del Connecticut, deriva hacia las diferencias entre el sindicato magisterial local y la federación estatal, vuelve sobre el receivership, agrega contexto histórico, anticipa una objeción que nadie le ha planteado y la responde, y solo entonces aterriza en el dato concreto.
El 1 de julio de 2025, Holyoke se convirtió en la primera comunidad de Massachusetts en salir del receivership escolar desde que la figura existe en el estado. El Departamento de Educación había declarado al distrito crónicamente bajo desempeño en abril de 2015, y durante una década los maestros, el comité escolar y la administración municipal operaron bajo control estatal. García, que también preside el comité escolar, empujó la transición durante cuatro años: primero con un comisionado que rechazó la petición, después con la administración Healey, que terminó por aprobarla.
“Esa es otra conversación que deberíamos tener”, me dice cuando le pregunto si nota un patrón en que las tres comunidades históricamente bajo receivership en Massachusetts (Holyoke, Lawrence y Southbridge) sean predominantemente latinas. “Sobre poblaciones vulnerables, sobre comunidades inmigrantes y migrantes. ¿Cuáles son los factores sistémicos que existen en esos barrios y que están haciendo que el estado tome el control de esos distritos escolares?”. La pregunta queda abierta.
El distrito de Holyoke atiende a unos 4,800 estudiantes; más del 80% es de origen latino, mayoritariamente puertorriqueño. La tasa de graduación de high school subió de 60.2% en 2014, antes de la entrada en receivership, a 74.6% en 2023. Anthony Soto asumió como superintendente interino el mismo 1 de julio de 2025.
“¿Tú elegirías a tu dentista por votación?”
“¿Tú elegirías a tu dentista por votación? ¿O preferirías a alguien con experiencia?”, García recurre a la analogía cada vez que defiende su reforma financiera más reciente. Hasta principios de 2026, el tesorero de Holyoke era un cargo electo por voto popular; el auditor, el recaudador y otros puestos financieros centrales tampoco tenían supervisión administrativa directa. En 2024, el estado retuvo pagos de ayuda local porque la ciudad no había cerrado la conciliación de caja del año fiscal 2023.
“Holyoke estaba operando bajo una forma vieja de gobierno donde el alcalde era el CEO, el CFO, el chief of staff, todo”, me explica. “El alcalde estaba a cargo de todas las finanzas de la ciudad, pero sin control real sobre quienes las manejaban. Y tú piensas: espera un minuto. ¿Dónde está la rendición de cuentas? ¿Cómo va a responsabilizar el alcalde a alguien si no tiene control sobre esa persona?”.
La División de Servicios Locales del estado venía recomendando esa reorganización desde hacía casi veinte años, y ningún alcalde anterior había logrado sacarla adelante. El 3 de febrero de 2026, el concejo municipal aprobó la Municipal Finance Modernization Act por once votos contra dos. García lo firmó seis días después. El acto creó la posición de Chief Administrative and Financial Officer, consolidó tesorería y recaudación, y convirtió el cargo del tesorero en designación administrativa. Rory Casey, tesorero interino, calcula que la reforma podría liberar entre cuatro y cinco millones de dólares en fondos municipales pendientes de certificar.
En noviembre de 2024, durante el primer mandato de García, el Massachusetts Cultural Council designó ocho cuadras del corredor de Main Street como Distrito Cultural Puertorriqueño, el segundo de su tipo en el país después del Paseo Boricua de Chicago. La administración municipal había contribuido con un proyecto paralelo, El Corazón de Holyoke, que sumó murales y obras de placemaking al corredor. Ese reconocimiento estatal y la salida del receivership escolar forman parte de un mismo arco de recuperación de capacidad local.

La teoría de la gentrificación
A media entrevista, García mira el reloj. Se toma un momento.
“Hay algo que cada líder municipal del mundo está estudiando todo el tiempo”, arranca, “y es la preocupación por la gentrificación y por que la gente sea desplazada de sus barrios. Yo creo con firmeza que Holyoke probablemente resolvió el problema de la gentrificación. Pero no lo vamos a poder demostrar hasta dentro de unos treinta años. Y esta es mi teoría”.
La afirmación es osada y dice mucho de él: la confianza para sostener una hipótesis estructural con horizonte de treinta años, sabiendo que no estará en el cargo para verla confirmada ni desmentida. Es la mirada de un técnico de planeación regional aplicada a una alcaldía. Y es también la apuesta política que la ciudad le respaldó dos veces, la última sin oposición.
Distingue entre dos formas de transformación urbana. “Donde me preocupa la gentrificación es cuando tomas un edificio destinado a vivienda asequible y lo conviertes en vivienda a precio de mercado o en condominios. Ahí es donde reduces tu inventario”. La segunda forma no le preocupa de la misma manera: “Cuando estás convirtiendo edificios viejos que estuvieron abandonados por muchísimo tiempo, como un molino industrial viejo, y lo conviertes en vivienda a precio de mercado, o cuando construyes nueva vivienda donde no existía antes, todo lo que estás haciendo es agregar una capa al portafolio total para sostener el ecosistema”. Holyoke, según él, ha hecho mayoritariamente lo segundo.

Las cifras matizan el optimismo de García. La tasa de pobreza de Holyoke supera el 27%, más del doble del promedio de Massachusetts (10%) y del nacional (11.5%). Los cuatro tractos censales que componen el centro registran un ingreso medio por hogar inferior a 27,000 dólares al año. García insiste en algo que considera mal entendido: “Somos el número uno per cápita en todo el estado, y le competimos a Boston. Le ganamos a Boston en cantidad de vivienda disponible dedicada a familias de bajos ingresos. El segundo más cercano es Springfield (ciudad que se encuentra a unos 15 minutos al sur). Springfield y Holyoke somos como hermanos en la trinchera. Nos paramos firmes mientras hay comunidades por todos lados que dicen ‘no queremos eso en nuestro patio’”.
Hay una métrica más que apuntala su gestión, y que viene de antes que él. Holyoke tiene una utilidad eléctrica municipal propia, una empresa pública que aprovecha la generación hidroeléctrica del río Connecticut. Según la administración municipal, la tarifa resultante es la más baja del Noreste, y cerca del 90% de la matriz energética es libre de carbono.
Cuando los hogares de Massachusetts vieron dispararse sus facturas el invierno pasado, las de Holyoke se mantuvieron. Esa infraestructura heredada le permite a la administración presentar una ventaja económica que distingue a Holyoke de otras ciudades industriales en declive del Noreste.
Reelegido sin oposición, con tareas pendientes
García llega a su segundo mandato con un consenso político local pocas veces visto en Holyoke. La elección de noviembre lo dejó sin oposición, y la coalición de candidatos al concejo municipal que él respaldó desplazó a dos figuras con décadas en el cargo: Kevin Jourdain, catorce mandatos, y David Bartley, siete, los dos contrapesos más constantes a su agenda. Tres meses después, sus colegas estatales lo eligieron presidente de la Massachusetts Mayors’ Association.
Los retos del segundo mandato siguen sobre la mesa. La mañana de la entrevista, los maestros del distrito llevan más de trescientos días sin contrato. La Holyoke Teachers Association había rechazado la propuesta de la administración y preparaba la marcha de esa tarde. García se declara partidario del sindicalismo y del derecho de los trabajadores a exigir mejores condiciones, aunque defiende el contrato propuesto por su administración. “Es ilegal que los maestros se vayan a huelga en el estado de Massachusetts”, recuerda. “Y, además, sería una violación del contrato”. El distrito tiene más de 80% de estudiantes latinos. “Los niños no van a la escuela solo por una buena educación”, me dice. “Es ahí donde reciben otros servicios: comidas, acceso a modelos positivos, un entorno seguro. No sabes lo que está pasando en casa para muchos de estos niños”. Una huelga, agrega, “lastima a los niños y a las familias”. A los pocos días de la entrevista, distrito y sindicato alcanzaron un acuerdo tentativo. La ratificación fue anunciada el martes 12 de mayo por el mismo alcalde.
Otros frentes siguen abiertos. La proporción de docentes con licencia en Holyoke (76%) está veinte puntos por debajo del promedio estatal (96%); los docentes con experiencia migran a distritos vecinos mejor pagados. La concentración de pobreza en los cuatro tractos del centro es estructural. La reforma financiera empezó a aplicarse y los efectos demorarán años en verse. La Massachusetts Teachers Association sostiene que las garantías de salida que acompañan el fin del receivership escolar son una forma encubierta de seguir bajo control estatal.
Antes de despedirme, le pregunto cómo se imagina Holyoke en una década. García proyecta una ciudad de cuarenta mil habitantes. En 2029 está prevista la reconstrucción integral del corredor de High y Maple, las dos calles principales del centro. Los efectos de la reforma financiera empezarán a leerse en los balances municipales. Los estudiantes que iniciaron el primer año bajo control estatal en 2015 ya se graduaron; los que lleguen al primer año este septiembre serán los primeros en hacer todo el high school bajo control local.
“Lo que quiero que el mundo sepa”, me dice cuando termina con las cifras, “es que somos una ciudad pequeña que rinde mucho más de lo que cabría esperar de su tamaño. Somos una comunidad que no le tiene miedo a probar cosas nuevas. Somos una ciudad compasiva, que entiende lo importante de ser inclusiva con todo el mundo, sin importar dónde caigas en la situación económica, sin importar cuál sea tu trasfondo cultural. Somos una ciudad que cuida a sus vecinos. Hay desafíos de calidad de vida que se acumularon con los años. Pero esos desafíos no nos hacen olvidar quiénes somos como seres humanos”.
García me despide en la puerta y vuelve al escritorio. Lo esperan los papeles del presupuesto.
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