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¿Por qué para miles de migrantes venezolanos en NY la reapertura de su consulado no es necesariamente una buena noticia?

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Exista la certeza que para solicitantes de asilo una sede diplomática sería un territorio prohibido, si no hay un real cambio de régimen

Desde marzo de 2019, los venezolanos han enfrentado un hecho singular dentro del ecosistema migrante de la ciudad de Nueva York: son la única comunidad hispana sin acceso a servicios consulares.

Las consecuencias han sido profundas. Sin posibilidad de renovar o prorrogar pasaportes, miles han quedado atrapados en un vacío legal que afecta su identidad, movilidad y estabilidad, e incluso el deseo postergado de centenares de ‘auto deportarse’, ante las crecientes presiones migratorias.

“Estoy listo para irme de aquí, antes de que me deporten y me vaya peor. Para Venezuela no puedo regresar. Para viajar a España, que es donde me quiero reasentar, necesito el pasaporte”, contó Miguel Sobrino, un joven venezolano que planea moverse por tercera vez a un país que le ofrezca mejores oportunidades. Antes de venir a Nueva York vivió tres años en Perú.

Como resumió una investigación realizada por El Diario en 2020, técnica y jurídicamente miles de venezolanos “no existen”, o por lo menos, no tienen una prueba válida que certifique su existencia.

Aun así, una inminente reapertura de las operaciones consulares del país suramericano, no necesariamente insufla un aliento de esperanza a miles de migrantes, en medio de una situación institucional bajo el tutelaje de Estados Unidos, que despierta mucha incertidumbre en el futuro.

Para miles de solicitantes de asilo y otras protecciones humanitarias, una sede diplomática podría seguir siendo un territorio prohibido. Para otros el restablecimiento de las relaciones diplomáticas podría ser un símbolo de que los cabecillas del régimen dictatorial, que domina todavía el país, normalicen por un tiempo indefinido su dominio.

“Yo así me muera por ir a Venezuela, no voy aceptar que sean esos delincuentes que me cedulen ni me den el pasaporte. Es como reconocerlos”, dice Claudia López, una venezolana naturalizada estadounidense residente de Brooklyn, desde hace 20 años.

“En cuestión de semanas”

Tras la captura de Nicolás Maduro en una operación militar estadounidense el pasado 3 de enero, se abrió un nuevo capítulo en las relaciones bilaterales. El gobierno de Estados Unidos ha comenzado a restablecer su presencia diplomática en Caracas, marcando “un nuevo capítulo” en la relación entre ambos países .

Este proceso ha venido acompañado de anuncios sobre la reactivación de las sedes diplomáticas venezolanas en territorio estadounidense, incluidos los siete consulados.

A pesar del anuncio, no existe aún una hoja de ruta clara sobre cómo se restablecerán los servicios consulares. Ni cuándo estarán plenamente operativos.

“Es un proceso de semanas. Ya tenemos la misión diplomática instalada”, aseguran fuentes del régimen venezolano.

En Nueva York, la sede consular de Venezuela está ubicada en el 7 East de la calle 51 en Manhattan, al lado de la Catedral de San Patricio, en una de las zonas más exclusivas del mundo. El edificio en franco deterioro contrasta hoy con su entorno, donde predominan vitrinas de lujo y torres corporativas.

Hasta esta semana, el antiguo townhouse diplomático no mostraba ninguna señal de apertura más allá de una fachada ruinosa, puertas rotas y vitrinas inundadas por grafitis.

Niurka Meléndez es directora de Venezuelan Immigrants Aid (VIA) una organización dedicada en NY a apoyar a las víctimas de esquemas de migración forzada. (Foto: Fernando Martínez – Impremedia)

En la boca del lobo

Para consultados como la activista venezolana, Niurka Meléndez, directora de Venezuelan Immigrants Aid (VIA) una organización que desde hace 10 años brinda soporte a los solicitantes de asilo y a las víctimas de esquemas de migración forzada en Nueva York, las razones por las cuales millones de sus conciudadanos dejaron el país, no han variado ni un milímetro.

“Si nos vamos a la realidad. Para miles de solicitantes de asilo y de protecciones humanitarias esta reapertura no significa una buena noticia. De acuerdo con nuestras consultas jurídicas. No se trata de una opinión personal. Quienes han solicitado estas protecciones a Estados Unidos deberían mantenerse alejados de ese consulado. ¿Cómo se podrán acercar a intentar hacer trámites y tener contacto con enviados de un régimen criminal por el cual huyeron de su país?”, refirió.

Niurka, en su condición de asilada política, sostiene que para ella y para los miles de venezolanos que aguardan durante años sus entrevistas de asilo o audiencias ante tribunales de migración sin una identidad válida, la obtención de un pasaporte se perfila como una quimera distante, aun cuando la operatividad consular se restablezca.

“Más allá de la extracción del cabecilla del régimen, todas las piezas de ese esquema criminal siguen intactas. Los eventuales agentes consulares serían enviados por ellos. Entonces cómo quién ha pedido protección humanitaria se va a meter en la boca del lobo, independientemente de que geográficamente sea en Nueva York”, agregó la activista.

En este grupo de solicitantes de asilo y beneficiarios del Estatus de Protección Temporal (TPS) se encuentra desde el punto de vista cuantitativo la mayoría de los venezolanos que residen en el área tri estatal de Nueva York.

“Obviamente para un naturalizado estadounidense la realidad es otra. Pero sabemos que ellos significan una gran minoría de venezolanos aquí en esta zona”, agregó la portavoz de VIA.

Para miles de solicitantes de asilo y de protecciones humanitarias esta reapertura no significa una buena noticia. De acuerdo con nuestras consultas jurídicas, no se trata de una opinión personal. Quienes han solicitado estas protecciones a Estados Unidos deberían mantenerse alejados de ese consulado. ¿Cómo se podrán acercar a intentar hacer trámites y tener contacto con enviados de un régimen criminal por el cual huyeron de su país?

Niurka Meléndez

Directora de VIA

El consejo: cada caso es distinto

En el ámbito del derecho de asilo, uno de los conceptos más sensibles es el de “reavailment”, es decir, el acto de volver a acogerse a la protección del país del que se alega persecución.

Abogados de inmigración advierten que acciones como solicitar servicios en un consulado o interactuar voluntariamente con autoridades del país de origen “podrían ser interpretadas por las autoridades migratorias como una contradicción en el argumento de temor creíble”.

Sin embargo, también subrayan que no se trata de una regla automática: no todo contacto constituye “reavailment”. En ciertos casos como la renovación de un pasaporte por razones de necesidad puede existir justificación legal.

Frente a este escenario, el consenso entre expertos es claro: evitar decisiones apresuradas.

Organizaciones como National Immigrant Justice Center recomiendan que cualquier paso relacionado con trámites consulares se tome únicamente tras recibir orientación legal individualizada.

“Se recomienda buscar asesoramiento confiable de abogados de inmigración cualificados”, señala la organización, en un contexto donde cada caso puede tener implicaciones distintas y donde un movimiento mal calculado podría afectar la credibilidad de una solicitud de asilo.

Hasta esta semana el townhouse diplomático ubicado al lado de la Catedral de San Patricio no daba ninguna muestra de cambios (Fernando Martínez- Impremedia)

La desconfianza prevalece

Otros ven en este proceso una oportunidad largamente esperada. Tener acceso a un pasaporte podría significar la posibilidad de viajar, reunirse con familiares o avanzar en procesos migratorios detenidos durante años.

Pero lo que priva es el escepticismo.

La mayoría insiste en que la reapertura tendrá un impacto limitado si no viene acompañada de cambios profundos en Venezuela. 

La desconfianza prevaleciente hacia las instituciones de la nación caribeña continúa fundamentada en años de denuncias y reportes internacionales relativos a transgresiones de los derechos humanos.

Este panorama de atropellos y violaciones resulta particularmente significativo para la diáspora establecida en Nueva York, dado que el líder del régimen, Nicolás Maduro, permanece recluido en una prisión federal en Brooklyn, enfrentado cargos por narcoterrorismo.

De igual forma, otros migrantes venezolanos como Leonel Flores perciben que la apertura de un consulado podría ser beneficiosa, pero solo sí hay un cambio total en las estructuras del Estado venezolano.

“La gran mayoría de los inmigrantes venezolanos estamos aquí entre la espada y la pared. Hoy no podemos decir que tenemos un gobierno legítimo. Si lo analizamos más profundamente, la apertura del consulado podría ser mucho peor que cuando supuestamente lo tomó el gobierno interino de Juan Guaidó”, acotó.

“Una estafa”

En medio de un confuso esquema político en el cual el presidente de la Asamblea Nacional venezolana, Juan Guaidó, se juramentó como presidente interino y fue reconocido por 50 países incluyendo Estados Unidos, el pasado 18 de marzo de 2019 funcionarios de esa administración tomaron los edificios consulares incluyendo el de Nueva York. Los resultados fueron decepcionantes para los venezolanos.

Aunque el ministro consejero de esa administración interina, Gustavo Marcano, anunció a medios locales que se iba a retomar progresivamente los procedimientos consulares, la realidad fue otra.

Todo fue una estafa. Yo asistí a celebrar que se habían retomado los servicios consulares. Vino un enviado de Guaidó solo a hacer un show de apertura. Pasó la pandemia. Pasó la crisis migratoria y los venezolanos no tuvimos ningún apoyo de ese tal gobierno interino. Entendemos que no tuvieron la posibilidad de tramitar pasaportes, pero sabemos que se pagaron supuestamente sueldos a unos funcionarios consulares que solo tuvieron una beca. No hicieron nada por nosotros”, señaló el caraqueño José Camargo, quien reside en Nueva York desde 2018.

“Lo celebraremos”

En el sentido contrario, el venezolano Rubén Soria es más optimista. En su juicio confía en que independientemente sean “las mismas fichas criminales”, las que siguen al frente de su país, la realidad es que no tienen gran autonomía y todo lo están haciendo “bajándole la cabeza a Donald Trump”.

“Todavía muchos no han entendido que Estados Unidos puso a desarmar esa bomba de criminalidad a quienes durante 27 años la armaron. Porque probablemente así sea más rápido y con menos violencia. Yo entiendo la impaciencia. Nadie quiere a Delcy Rodríguez como presidenta de nada. Pero será un terrible mal necesario por unos meses. Lo de los consulados, lo veremos como una gran noticia en el futuro”, concluyó.

El migrante venezolano Leonel Flores avala los temores alrededor de la reapertura de una oficina consular manejada por unos funcionarios enviados por un gobierno ilegítimo. (Foto: Fernando Martínez -Impremedia)

Una comunidad creciente

Antes del cierre del consulado, la comunidad venezolana era relativamente pequeña en Nueva York.

Según datos del censo y estimaciones de la American Community Survey, en 2021 había apenas alrededor de 15,200 personas de origen venezolano en Nueva York .

Sin embargo, ese número quedó rápidamente desactualizado.

A partir de 2022, la ciudad recibió una ola migratoria sin precedentes. De los más de 200,000 migrantes que llegaron a Nueva York, una proporción significativa provenía de Venezuela. 

Hoy, es muy difícil determinar cuántos venezolanos aproximadamente residen en el área tri estatal, pero algunas proyecciones estadísticas apuntan a que más de 120,000 de estos nacionales viven en los estados de Nueva York, Nueva Jersey y Connecticut.

El dato:

  • 7.7 millones de venezolanos han salido del país en la última década, según la Plataforma de Coordinación Inter agencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela (R4V).

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